viernes, 26 de mayo de 2017

RUBEN HORACIO GOMEZ



RUBEN HORACIO GOMEZ

“Papi” Gómez, como era conocido, había nacido en Presidencia de la Plaza en 1963, realizando sus estudios primarios en la Escuela N° 454 y comenzado los estudios secundarios en el colegio secundario de la localidad. Quienes lo conocieron, lo recuerdan como un chico amable, generoso, sumamente responsable de sus acciones y compromisos contraídos, pacífico, al extremo que mencionan que nunca uso una gomera, porque no le gustaba matar pajaritos. Al iniciarse el año 1982 fue convocado a prestar el servicio militar obligatorio, siendo destinado al Regimiento de Infantería 12 “Gral. Arenales”, que tenía su asiento en Mercedes, Corrientes.
Escuela N° 454 Rubén Horacio Gómez
En el mes de abril, al principiar el conflicto bélico con Gran Bretaña, fue trasladado a las Islas Malvinas, a pelear una guerra que no quería y para la que no estaba, ni él ni sus compañeros, suficientemente preparados; pese a ello, entre el 27 y el 29 de mayo estos heroicos soldados libraron el combate de Darwin y Ganso Verde donde enfrentaron al Regimiento Paracaidista 2 británico. El 28 de mayo, mientras el TIAR aprobaba una resolución favorable a la Argentina y el Papa Juan Pablo II realizaba en Londres un encendido reclamo por una paz justa y honrosa, las tropas inglesas avanzaban sobre Darwin y Pradera del Ganso.
El Mayor de Infantería Ernesto Orlando Peluffo, recuerda el Combate del Cerro Darwin:
El 28 de mayo de 1982 a las 0800 horas, mi sección se encontraba ocupando una posición defensiva en las alturas Norte del Cerro Darwin; durante toda la noche anterior habíamos recibido fuego de artillería sobre la posición y observado el combate por el fuego que libraba la compañía “A” del RI 12, al Norte de la embocadura del Istmo de Darwin que conducía hacia la salida, y posteriormente a Ganso Verde, el asentamiento isleño más importante de la zona.
(…) De pronto, el Sargento 1° Jumilla se aproxima y nos informa que en el frente de las secciones se divisaban tropas desplazándose en actitud ofensiva, por lo que de inmediato ordeno que dos hombres se adelanten para observar si dichos efectivos pertenecían al enemigo o a las propias fuerzas que se replegaban, tarea que les fuera encomendada al Cabo Miño con el Soldado Rubén Gómez.
Todo era muy confuso, pues en esos momentos también recibíamos fuego de mortero sobre la posición, arrastrándose los integrantes de la sección hasta sus pozos de zorro. El combate cercano había empezado y nuestras ametralladoras hacían fuego sobre los efectivos ingleses que buscaban refugio en una barranca próxima a la playa, desde donde continuaban batiéndonos con fuego de morteros.
En esas circunstancias la sección supo que el Cabo Miño y el Soldado Gómez, al aproximarse, habían sido muertos por el enemigo, y yo no logré ocupar la altura del flanco este de la posición, a consecuencia de lo cual y dado la diversidad de fuegos que recibíamos, los paracaidistas británicos empezaron a envolvernos desde esa dirección.
(…) Los hombres de la sección, que ocupaban esos pozos, habían sido reducidos y sacados de la posición, por lo que era imposible hacer fuego sobre los ingleses que estaban entre ellos. En esa circunstancia, restando ya escasísima munición para continuar el combate y sin posibilidades de recibir refuerzos, decidí ordenar la rendición, ya que no había posibilidades de éxito. Resistir el asalto significaba un derramamiento inútil de sangre, con el consecuente aumento de pérdida de vidas. El combate estaba perdido.
Un soldado sacó un fusil fuera del pozo con una servilleta blanca atada en su extremo como bandera de rendición, cumpliendo así lo ordenado por el Jefe de Sección. Al principio este hecho no fue debidamente interpretado y se le disparó, dando los impactos en el arma. Ordené entonces que se insistiera y el enemigo detuvo el fuego. De esta manera pudimos salir de las posiciones y fuimos tomados prisioneros.
Al revisarnos los ingleses nos hicieron un “cacheo” violento, pues habíamos luchado duramente y los ánimos estaban muy alterados. Luego fuimos llevados a un lugar de reunión de prisioneros de guerra próximo a las posiciones de la sección, pero como la propia artillería empezaba a batirlos, tuvieron que llevarnos a una pendiente en desenfilada, que reunía condiciones de seguridad.
(…) Así terminó el combate del Cerro Darwin”.
Luego de la batalla, el mayor Christopher Keeble, segundo al mando, puso de manifiesto la resistencia del Regimiento 12 y ofreció a los argentinos una rendición de honores militares, la única unidad del Ejército a la que se dispensó tal tratamiento.
El cuerpo del Soldado Rubén Horacio Gómez no fue recuperado. El 31 de marzo de 1999 se impuso su nombre a la Escuela N° 454.
Gerardo Roberto Martínez
Presidencia de la Plaza (Chaco), 28 de mayo de 2017

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