viernes, 4 de diciembre de 2015

CONCEPCIÓN DÍAZ



CONCEPCIÓN DÍAZ
El cacique Díaz en 1902 pobló El Palmar, cuando en esa zona había tolderías aborígenes. El cacique Díaz a caballo recorría el norte de Santa Fe, la zona de Horquilla, La Sabana y llegaba hasta El Palmar. En una de esas andanzas “se erró con la mamá” de su hijo Dionisio Díaz, que había nacido el 8 de octubre de 1908 en Villa Guillermina y se lo trajo a caballo a los tres años, envuelto en una sábana.
Dionisio se crió en El Palmar, donde se casó con Labreana López -“Doña Labrí”-, una correntina de Saladas, nacida el 20 de julio de 1914, cuando aún no se celebraba el día del amigo. De esa unión nacieron nueve hermanos, el 8 de diciembre de 1946 nació “Compi” Díaz, quien se presenta diciendo “Soy nacido, criado y malcriado en El Palmar”.
“Siempre fui muy compañero de los dos, mi papá me enseñó a trabajar con los caballos, a hacer sogas; mi mamá me enseñó a lavar la ropa, a cocinar, a hacer torta, a hacer un guiso. Siempre me decía: ‘No hay que tener vergüenza de saber hacer las cosas de la casa. Si va a una casa ajena, por lo menos tiene que saber hacer las cosas’”.
“Conocí el rigor del trabajo, fui changarín en chacra ajena y trabajé al lado de mis padres en la chacra, carpiendo, arando, sembrando, cosechando”. Cumplió con el Servicio Militar en Yapeyú, donde “conocí la casa donde nació el General San Martín, ahí hice guardia. Me fue muy bien en el regimiento porque siempre fui voluntario. Al que es voluntario le va bien. Cuando salí del Regimiento mi papá me dio la chacra, trabajaba con bueyes y sembrábamos temprano, porque vivíamos de la chacra”.
Con sabiduría campesina, sabían que había que sembrar temprano para pronto tener alimentos en la casa; para la fiesta de Santa Ana ya se sembraba el maíz, para el primero de agosto, cuando se tomaba la caña con ruda, se sembraba mandioca, para el mismo mes se sembraba el algodón, lo que permitía tener cosechas primerizas. El 20 de enero del 1992, al llegar a la oficina que el INTA tenía en la Cooperativa Unión y Progreso de Presidencia de la Plaza, me llamó el gerente a su oficina para mostrarme una noticia aparecida en el Diario Norte: la cooperativa había sido la receptora de la primera carga de algodón en la provincia del Chaco de la campaña 1991-1992, entregada por un productor de Colonia El Palmar, Concepción Díaz.
Se caso y tuvo 12 hijos con su primera esposa; nunca se fue de El Palmar, tal vez siguiendo los consejos del Martín Fierro: “Conservate en el rincón donde empezó tu existencia”. Cuando enviudó, los hijos lo quisieron llevar con ellos: “Vendé todo papá, vende la chacra, los animales, las herramientas y venite con nosotros a Buenos Aires; vos todavía sos joven y vas a encontrar un trabajo para hacer. Pero yo no me quise ir, porque no me hallo en el pueblo. Y no me arrepiento de haberme quedado”.
En 1992 conoció a Lidia Duette, con quien se casó y tuvo tres hijos. “Somos chamameceros los dos, bailarines, nos gusta bailar”. Además de bailarín, toca la guitarra y canta.
Concepción "Compi" Díaz

Compi y su esposa Lidia
En 1994 con varios vecinos formaron el Grupo El Algarrobo e iniciaron un emprendimiento asociativo, un criadero de cerdos comunitario, el cual fue acompañado por el INTA y el Programa Social Agropecuario, con el cual trabajaron 8 años.
El 2007 fue el último año que sembró algodón “Al principio me arrepentí de haber dejado, fue toda una vida siendo algodonero y no fue fácil dejar de hacer, pero hoy estoy contento. Mi señora, que siempre me acompaña, me dijo: ‘Vamos a dedicarnos a criar animales’. Hoy tengo 45 pavitos para vender, tengo ovejas, chivos, gallinas, chanchos. Aprendí a criar lechones cuando estuvimos con el Grupo El Algarrobo, y hoy saben cuál es la calidad que vendo. Cuando tengo lechones ya tengo mis clientes que me encargan y me pagan el precio que pido, porque saben que son de buena crianza”.
Fue uno de los productores que fundó la Feria Franca de Presidencia de la Plaza, donde durante muchos años concurrió a vender su producción todos los sábados, y a donde hoy por algunos problemas personales tuvo que abandonar momentáneamente, “pero sigo teniendo mi carné de feriante, que siempre renuevo porque sé que voy a volver a la feria”.
A los 69 años aún es amansador de caballos, tarea con la que piensa seguir hasta los 70 años. Trabaja en soga, haciendo bozales, lazos, cabrestos; “no de lujo, pero para el trabajo, tengo muchos amigos, muchos conocidos que conocen el trabajo que hago y me encargan y me compran”. Se lo puede encontrar algunos días de la semana, a la sombra de la Grevillea, frente a la Plaza Evita, ofreciendo sus artesanías.
“Estoy hallado y contento con mi familia, con mis hijos; todos son trabajadores, sin vicios. A todos ellos los criamos a fuerza de trabajo y sacrificio, para que sean educados, respetuosos, para que sepan andar entre la gente”.
Para los 70 años ya tiene la vaquilla que le regalaron los hijos. “Mientras tengamos salud y si Dios quiere, vamos a festejar en grande”, dice Concepción Díaz, nieto de pobladores originarios, hijo de una correntina que vino a forjarse un porvenir en el Chaco, y que con su trabajo contribuyó a construir la historia de nuestro departamento.
Gerardo Roberto Martínez
Presidencia de la Plaza, Diciembre de 2015

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