lunes, 3 de abril de 2017

BIENVENIDO “NITO” PÉREZ



BIENVENIDO “NITO” PÉREZ
Nació en Lote 19, en el departamento Quitilipi, el 3 de abril de 1937. Por parte materna sus abuelos de sangre eran paraguayos que se vinieron cuando fue la guerra grande, su mamá se casó con un correntino. Al mes quedó huérfano de padre y madre, la mamá tuvo una recaída por el parto y al papá le dio una gran tristeza y murió a los pocos días.
El matrimonio integrado por Felipa Pérez y Clemente Pereyra lo adoptó y le dieron calor de hogar como a un hijo propio, aunque ya tenían más hijos; considera que su madre del corazón lo quiso mucho para ponerle el nombre de Bienvenido.
Tuvo una vida humilde pero nunca le faltó nada. Con cariño recuerda como su mamá le enseñó a lavar, cocinar, limpiar la casa; lo único que no aprendió fue a remendar. Hasta los 35 años la mamá lo retaba cuando se enteraba que se andaba portando mal con su esposa. Ahora reflexiona, los hijos son más mimados y no sirven para nada.
Su maestra fue la señora de Loizaga, fue hasta 2º grado en la Escuela Nº 58, cuando estaba donde actualmente es el Club Sportivo, en el edificio que se demolió cuando se construyó el Microestadio. Su maestra le tenía mucho aprecio y le decía a la mamá: “Felipa, dámelo a Nito que lo voy a hacer estudiar”. Ella lo quería mucho porque él sabía trabajar en la casa, le lavaba los servicios y la ayudaba en las tareas del hogar.
Se casó con una hija de paraguayos, con quien tuvo quince hijos; cuando enviudó, volvió a casarse con su actual esposa, que es descendiente de paraguayos y húngaros – brasileros, con quien tuvo un hijo más, más uno adoptivo que vive en Formosa. Dos de sus hijos viven en Buenos Aires y el resto está en Presidencia de la Plaza.
Vivió siete meses en Munro (Buenos Aires) y se volvió porque la mamá le dijo que no quería que se fuera con su familia, porque allá los hijos se iban a hacer independientes y podían aprender de todo, pero sobre todo las cosas malas.
Estando en Buenos Aires y por trabajar con la piedra esmeril sin antiparras, le entró una chispa en el ojo izquierdo y lo dejó lesionado: “Tenía todo para cuidarme, pero con 24 años uno es joven y cree que no le va a pasar nada”.
Trabajó en el obraje de Pedro E. Morey, un gallego que había agarrado 10 leguas de monte en Fortín Chajá, trabajando con el alzaprima, con el cachapé, haciendo postes de quebracho; además fue carpidor, cosechero.
En septiembre de 2015 se operó del ojo derecho, ahora ve un poco mejor que antes.
Hombre de una profunda fe religiosa, cree en Dios y la Virgen, a quienes les agradece porque vive bien. Y en su agradecimiento reflexiona:
La vida da muchas vueltas, yo digo que es como el caracol. Los hombres a veces hacemos como las gallinas, dejamos de comer maíz para ir a comer suciedad. Ningún hombre progresa con mujer ajena”.

Gerardo Roberto Martínez
Presidencia de la Plaza (Chaco); abril de 2016

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