jueves, 7 de septiembre de 2017

OSCAR SANTIAGO LIVA



OSCAR SANTIAGO LIVA
Descendiente de los friulanos que llegaron en 1878 a poblar Colonia Resistencia, segundo hijo del matrimonio compuesto por Hilda Nadalino y Amado Liva, nació en Cuatro Árboles, el 7 de septiembre de 1946; de su padre aprendió a hablar el idioma furlano.
Su padre había llegado unos años antes con su tío Mario Liva, ambos nacidos en Puerto Tirol. Su abuelo materno, Santiago Nadalino, había llegado de Italia luego de la guerra; cuando la abuela Filomena Lavia les hacía barriletes, tenían que hacerlos volar lejos, porque al abuelo lo enloquecían y les tiraba con la escopeta, parece que eso era consecuencia de la guerra.
Los abuelos maternos vivían al lado de la iglesia, don Santiago hacía la huerta y de él heredó el gustó por tener su propio huerto, enseñándole a su hijo a sembrar y trasplantar. Rememora cuando su abuelo andaba detrás de los carros, para juntar la bosta de los caballos, que dejaba secar y luego ponía en los almácigos.
Se cuenta que cuando era niño, su mamá lo enviaba a comprar caracú para el puchero y él le pedía al carnicero “un kilo de carulo”, de allí proviene el apodo de Carulo que se le ha hecho un nombre identitario y con el cual se lo conoce.
Trabajó desde muy chico en las tareas de la chacra, luego en su juventud fue empleado algunos años en la Cooperativa Unión y Progreso, donde los domingos ayudaba a Pinter y Dellamea a clasificar el algodón que los lunes despachaban por ferrocarril a Buenos Aires. Recuerda que cuando empezó a trabajar la cooperativa tenía almacén y ferretería, luego pusieron carnicería y cámara de frío, hasta que en una de esas crisis recurrentes del cooperativismo argentino, la cooperativa comenzó a andar mal económicamente, empezando a recortar el anticipo de sueldo, para finalmente, tampoco pagar el sueldo.
Paralelamente a su labor en la cooperativa, trabajó con Isaías Spack, quien vendía bicicletas que venían desarmadas; él las armaba y ganaba más que en la cooperativa. A veces se iba a la cooperativa mal dormido porque se quedaba hasta tarde armando bicicletas, era algo que le gustaba, por lo que cuando don Isaías quiso venderle el negocio en 40 mil pesos, le pidió a la cooperativa el dinero que le debía por sueldos atrasados, los dirigentes, sin negárselo, nunca se lo dieron.
Recuerda que un tal Pérez puso un negocio frente a la cooperativa y trabajó con él, traía vino, pero era un vino de mala calidad y no tenía salida, por lo que se fue a trabajar en la Coca Cola de Corrientes, cuando aún estaba en Belgrano entre Córdoba y Mendoza, salió de la empresa cuando se comenzó a trasladar a Bañado Sur.
En Corrientes conoció a Francisca “Negrita” Ramírez, quien estudiaba para ser maestra y luego sería su esposa; aunque ella se quería quedar en Corrientes, él no quería y regresaron a Presidencia de la Plaza, donde nacerían sus tres hijos.
Cuando regresó de Corrientes puso una sodería, la que funcionó hasta el año 2003, cuando por problemas de salud debió dejar la misma.
Gerardo Roberto Martínez
Presidencia de la Plaza; 7 de septiembre de 2017

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